martes, 10 de agosto de 2010

¡¡¡Almodóvar, dona tus Oscars a la crisis!!!

Hola, soy Coco, y el chico de Hablando Solo me ha pedido que aproveche las doce horas de vuelo al Deefe para explicaros la diferencia entre lo público y lo privado. No lo haré, como habitualmente, con cabeceos y movimientos a lo "cerca" y "lejos", sino con ejemplos, que así queda más clarito. Hablamos de los dineros, claro. Y concretamente, del dinero de los españoles, nuestro dinero, el que se gastan los poderes después de que salga de nuestro bolsillo en estos tiempos de crisis, que hasta el monstruo de las galletas se tiene que conformar con las María de toa la vida, a él que le gustan más las Digestive, pero son caras, muy caras. Hablamos de ése dinero en relación con los dineros de las dichosas primas por ganar el Mundial para los futbolistas españoles, dinero que ha dado mucho que hablar en las orillas de todas las playas de España. O al menos, en la que trató de descansar Antonio.

Vamos allá, a ver si me supero. La FIFA es una entidad privada, que organiza un torneo que bien podría llamarse "torneo de la galleta" y tener por mascota a Triqui, pero se llama Mundial de Fútbol y Zakumi fue su último relaciones públicas. El torneo es una competición privada. Igual que Roland Garros, que el campeonato de parchis de Calaflores (Málaga), que las carreras de sacos de mi pueblo, que la Liga de Fútbol Profesional, que la liga de la Asociación de Clubes de Baloncesto... Los señores de la FIFA, que son mu espléndidos, dan premios para fomentar la participación, y medallitas y una copita de recuerdo. Los premios, la medallita y la copita los reciben los que participan y ganan.

Los que participan y ganan, en este caso, las Selecciones Nacionales, pertenecen a Federaciones deportivas. Las Federaciones deportivas españolas son entidades privadas. Repito: pri-va-das. Creo que esto, mi amigo Antonio lo ha explicado setenta y ocho veces, y yo lo tengo claro, pero os lo cuento de nuevo, yo que me explico mejor que Antonio. Jurídicamente, el término que las define es "entidades privadas con funciones públicas delegadas". Queda claro, por tanto lo de privado. Y lo de "funciones públicas delegadas" lo explico en cortito, pa no ser coñazo. Como nuestra Constitución dice que "los poderes públicos fomentarán el deporte", éstos no sabían cómo hacerlo en medio de la Transición, y las federaciones eran entidades ya con tradición de en muchos casos cerca de cien años, los poderes públicos dijeron: "Oigan, federaciones: háganme ustedes el favor de, en mi nombre, fomentar ustedes el deporte". Y eso hicieron. Para ello, los españoles, todos, les damos un dinero, una subvención pública. Ese dinero, público, lo tienen que destinar, obligatoriamente, las federaciones, a determinados fines: fomento de la práctica deportiva aficionada, mejoras en instalaciones deportivas,... Son fines fijados y que las federaciones tienen que justificar. Es decir, todos los años, presentan el recibo de que nuestro dinero se lo han gastado en los fines que les hemos fijado. Entre esos fines, desde luego, no está el pagar primas por torneos ganados a futbolistas de élite.

En muchas federaciones, la subvención pública supone la mayor parte de su presupuesto anual. En el caso de la española de fútbol, es el cuatro por ciento, más o menos. Es decir, que el dinero privado que genera por sus recursos propios la RFEF es el 96% de su presupuesto. En ésta epoca de títulos gordos, entre esos recursos propios, afortunadamente, podemos contar con los premios que, por ejemplo, nos han dado dos entidades privadas como la UEFA y la FIFA por ganar sus torneos de la galleta en 2008 y 2010. Esos dineros privados, de una entidad privada, que se lo entrega a otra entidad privada por ganar una competición privada, la RFEF lo reparte como quiere: y en el caso del premio por ganar el Mundial, la RFEF ha querido repartirlo, en gran parte, con los actores del triunfo (por razones que Antonio os explicará otro día). Queda claro, por tanto, que "los jugadores sí tienen vergüenza y no se quedan con nuestro dinero en época de crisis que hay que ver como se pueden dar esos premios por ganar al fútbol con lo mal que lo pasa la gente". Que la gente lo está pasando mal, sí. Que hay que ver que burrada de premio da la FIFA por ganar el Mundial, sí. Que alguien en nombre de los futbolistas ha negociado muy bien por ellos, sí. Pero ése dinero no es nuestro, no es de los españoles, es de la FIFA, que se lo da a la RFEF y ésta lo reparte entre los artífices del éxito. Podremos estar de acuerdo, o creeremos que ese dinero lo debía destinar la RFEF a paliar el extermino del pollo frito en Las Hurdes. Opinable. Pero ése dinero no es "nuestro dinero, el dinero de los españoles".

Sí es nuestro dinero, y aquí quería llegar Antonio y por eso le cedo la palabra (os recuerdo que hasta ahora el que escribe fue Coco, explicando la diferencia entre lo público y lo privado), por ejemplo, el que da nuestro Gobierno de España a toda pelicula que se precie de nuestro magnífico "cine español", siempre en crisis y deficitario salvo excepciones, honrosas o no. No hay filme, bueno o malo, pésimo, horrible u obra maestra, que no comience en sus títulos de crédito con los "Con la colaboración de TVE" (ente público, dinero público, dinero nuestro), y "Instituto Cinematográfico de no sé qué del Ministerio de Cultura" (público, público, público), y con la ayuda inestimable de "la Comunidad Autónoma de turno" (publiquísima), y por supuesto el ayuntamiento de turno con nuestro dinero público local, el que pagamos con las tasas de la basura, las multas de la hora de los coj... Supongo que los poderes públicos, que también deben fomentar la cultura, como el deporte, entienden que la manera idónea es darle pasta a los cineastas, propaganderos o independientes, me da igual. El cine español, en una parte significativa, sí se hace con nuestro dinero.

Y siendo así, ¿por qué no he oído nunca, a nadie, reclamar una parte de la taquilla cosechada por los productores privados después de hacer pelis con nuestro dinero público? O mejor, ¿por qué no reivindicar una parte de los pocos premios que les dan (no que nos damos, es decir, no de los Goya)? Si Amenábar tiene subvención pública, que no sé el caso concreto porque vamos en un avión camino del Deefe, ¿por qué no le pedimos que done una parte de su Óscar para causas nobles, como sí lo hacemos con los futbolistas? ¿por qué no reclamamos nuestra parte del pastel, con destino a bibliotecas? Si Almodóvar hace eso que él llama peliculas con nuestros impuestos, ¿por qué no demandamos que done una parte de lo que ganó con "Ol abou mai moder" para premiar a los niños que sean capaces de leerse el Quijote, que es de su pueblo? ¿O sólo son insensibles a la realidad crítica unos futbolistas, por el hecho de ser famosos, ricos y campeones del mundo? (sin molestarnos en preguntar qué hacen cada uno de ellos por ayudar al prójimo, a nivel particular). ¡¡¡Fuera topicazos, YA, por la Virgen de Guadalupe!!!

P.D.: no entro en el asunto del Hércules y el Betis porque no me parece el momento adecuado. Hablaré del tema cuando esto se enfríe, y recurriremos a Coco para que nos explique qué es un juez, qué es un fiscal y por qué lo normal es que jueces y fiscales tengan potestades "detectivescas" y no las tenga, ni las deba tener, una federación. Pero tengo curiosidad: ¿qué ha dicho sobre el tema el presidente de la AFE, que debería sacar la cara por la limpieza de los futbolistas españoles? ¡Camarero, unos tacos con tequila y guacamole!

P.D. (y 2): a ver si al menos esto vale para que ¡¡¡no me preguntéis qué me parece que los futbolistas ganen 600.00 euros por el Mundial y no los donen!!!

miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Quien se viene al Azteca?

Qué poco dura la alegría en la Ciudad del Fútbol. No hace un mes que somos campeones del mundo y la memoria histórica se nos ha borrado, formateado, anulado, tweet off que se dice entre los tuiteros. Mañana conoceremos la lista, que no es la antagonista de la tonta, es la convocatoria de veinte que Del Bosque se lleva al Deefe para jugar contra México. Antes de que sepamos algo más: habrá lío, seguro. Si lleva a más del Barça que del Madrid, o más del Barça que del Sevilla, o más del Málaga que del Sevilla,… Lío, seguro, y eso que Vicente es especialista en apagarlos antes de la chispa, incluso.

Habrá, habrá follón: porque el Barcelona se puede ir al lejano oriente a vender amistosos a precio de Messi, aunque Guardiola diga que no está para jugar, que corre riesgo de lesión estúpida. El Real Madrid hace bien en prepararse en Beverly Hills, que Valdebebas no es glamouroso, ni aunque tenga a glamourinho. Este año toca respetar que los clubes salgan de la crisis a base de giras planetarias. El año que viene, el que no gane, dirá que lo de las giras es lamentable, que jode la preparación y que los jugadores se agotaron en diciembre por culpa del marketing.

Hasta el apuntador puede hacer negocio, con la camiseta de los campeones por dos cuponsitos y el periódico; comprando el pin de los campeones del mundo por solo un euro más, junto con tu diario; con los deuvedés de los partidos de los campeones del mundo, por el módico precio de siete euros (en el pirateo, aunque no se deba, son gratis, y sin comentarios de analfabetos). ¿Qué periódico que se precie no ha hecho promoción con el Mundial y ha recibido con los abrazos abiertos la publicidad que ha generado el "Ven a mediamarket, ven, coño, ven"? ¿Qué empresa que presuma de un "marketing team" no ha inventado negocios maravillosos? (“Comprate una tele que como estos inútiles ganen el Mundial, te lo regalamos, aunque no caerá esa breva”). ¿Cuantos anuncios de "yo soy fiel a la Roja" nos suenan? ¿Cuantas empresas chillan que siempre apostaron por la Roja? ¿Cuantos usan la Roja hasta para vender gayumbos? Por hacer, ha hecho negocio hasta el abogado de turno que demandará a los que pusieron veinte mil cláusulas a la jugarreta con la que se quieren ahorrar la devolución de la pasta del plasma super gratis, a ti que no eres tonto, tampoco, ahora que los inútiles ganaron el Mundial.

Y al final, si todos hacemos negocio, si los futbolistas se revalorizan, se venden, se compran, se suben el sueldo,... Va a resultar que sólo es lamentable que esta época de vacas gordas también la aprovechara la dueña de la Selección, que es la Real Federación Española de Fútbol, culpable, entre otros males del fútbol, de que la FIFA dicte que el 11 de agosto es fecha para la disputa de amistosos... Esos amistosos sirven para preparar los partidos oficiales de clasificación para el Europeo de 2012, en el que todos querremos estar, para ganarlo, porque llegar sólo a cuartos, ni de coña, claro.

"¿Pero por qué se van tan lejos? Que jueguen cerquita para que los niños no se cansen". Resulta que, de un tiempo a esta parte, quizá porque a lo mejor se han hecho bien las cosas, las federaciones de todo el mundo nos reclaman en sus países. En México celebran el bicentenario de su independencia, y la cita con nuestra Selección es el acto central, uno de ellos. En Argentina, devolvemos la visita de la albiceleste al Vicente Calderón, no hace mucho, cuando celebrábamos el centenario de la RFEF. España va a jugar en el Azteca de México y en el Monumental de Buenos Aires. Ah, sin haber preguntado, estoy seguro de que datos tan manoseados a la ligera como el de la obligación de presentar el sesenta por ciento de los mundialistas, por contrato, no son reales. Más que nada, porque la selección firmó sus amistosos mucho antes del Mundial. Y la Federación cumple lo que firma. Por eso no se juega en Nueva York, aunque quisieran los argentinos, a última hora.

Voy más allá, al margen de las presuntas obligaciones (la del Barça con Messi no era pre-sun-ta) Para un futbolista, igual que para un periodista, o un cronista viajero como servidor, visitar esos estadios legendarios, y más cuando no están de paso, se convierte en un orgullo, en una ilusión, en un objetivo, en otro sueño que ahora se cumplirá. Por mucho que haya que meterse un día entero en un avión, que es tan incómodo para el periodista como confortable para el deportista. ¡Qué levante la mano quien no se apunta con España a esos dos viajes! Hoy, que la lista de marras ya está en la mente de Vicente, estoy seguro que cualquier futbolista que me leyera firmaría verse en ella. España está de moda, porque es campeona del mundo. ¿No recordáis cuando mirábamos con envidia a las Brasil de turno, viajando por todo el mundo a cuerpo de reyes, reclamados y aclamados en todos los rincones del planeta, siendo como eran los campeones del mundo? Ahora, nosotros somos Brasil, es decir, España es Brasil, o mejor dicho, España es España y Brasil quiere ser como España. Y con España, todos los futbolistas quieren jugar. Insisto: que le den a elegir a Villa o a Iniesta, o a Puyol. ¿Vas o no vas? Si preguntaran, acabarían con el debate. Así que no preguntarán, para poder seguir berreando gilip...

viernes, 23 de julio de 2010

La mala educación

Mientras la gente insiste en contarme cómo vivió la final del Mundial durante éstos, mis días de playa, yo me dedico a pensar solo. Pienso solo y veo el Tour, a la orilla del Mediterráneo, gracias al mp5 con tdt que me regalaron los del cortinglé en el Mundial (¡Viva el cortinglé!). Por cierto, ayer creo que un "barato-barato" me quiso vender una camiseta de España, de las falsas. Me imaginé sacando una placa: "¡Federación Española de Fútbol, queda detenido!", pero de esto y el "españolismo limpio" hablaré solo en breve. En vez de combatir el pirateo textil hispánico, presté atención a Carlos y Perico, Perico y Carlos. Éste argumentaba en sus duólogos eternos de cada etapa que, debido a que hoy las cámaras todo lo ven, el deportista, el ciclista es más educado. Tiene razón. Todo ello, a cuenta de la polémica por el feo de Contador a Andy (no es el de Toy Story, aunque se le parece). El luxemburgués, que con su hermano Franck le hicieron el vacío a Carlos Sastre hace un par de años cuando éste ganaba el Tour, tocó mal el cambio subiendo no sé qué puerto (esto me pasaba a mí con mi motoreta, de chiquitillo), y se le salió la cadena. El demonio de Pinto aprovechó para seguir a su ritmo o atacar, yo qué sé, que no vi la etapa. El caso es que Alberto le ha dejado ganar en el Tourmalet porque son coleguitas y el madrileño, que es muy sentido, se la debía, pre-sun-ta-men-te. Me parece fa-tal. Y más, que Contador diga que si no hubiera pasado lo de la cadenita, hubiera disputado la etapa en la mítica cima. Lamentable. Desde el cariño, que yo soy contadorista de los antiguos. Espabila, Alberto, espabila. Que no se gana en el Tourmalet to los días, c...

Gracias a la polémica, se nos llena la boca hablando del "juego limpio en el Tour", ahora que decae el Mundial. Que si uno "atenta al juego limpio, que si esto no es juego limpio, que si me limpio a quien no juegue limpio...". Bla, bla, bla. Bla, y más bla. Ayer se cayó Samuel Sánchez y mientras Contador quería esperar, Sastre dijo que ni de coña. Me parece respetable y defendible (una forma cobarde de intentar dejar claro que me parece BIEN). En realidad, de tanto manosear el "juego limpio", al final vamos a terminar cediendo el paso al rival a lo Arturofernández, cuando de lo que se trata es de competir, y la competición tiene sus incidencias en cada disciplina deportiva. El "juego limpio", a mi entender, apela a la renuncia a las malas artes en la disputa. Y no a la eliminación de cuajo de las circunstancias intrínsecas, favorables o no, de la competición.

Uno de los segundos más dramáticos de mi final del Mundial fue aquel en el que un holandés le devolvió desde su campo un balón largo a Iker Casillas. De tal manera, pelín perra, que el pelotazo fue plano, a mala leche, y no bombeado, como se devuelven los balones que no se quieren disputar. Recordarás que el Jobulani le bota a Iker delante, y éste lo roza para mandarlo a córner. Yo lo vi dentro de la portería. Y si va a puerta, Iker no lo evita. ¿Qué hubiera pasado si ese balón cae dentro de nuestra portería? No me imagino a Scatergoris, o como se llamara el portero holandés, dejando a Villa marcar a puerta vacía para igualar el tanteador e izar la bandera del "fair play". Se hubiera liado parda, que dicen loj madrileñoj. Vamos, que nos hubieramos comido el gol en contra con papas, huevos y salchichas de las picantes. Es decir, que nos hubieramos quejado de su atentado, otro más, al juego limpio; que hubiéramos iniciado la II Guerra de Flandes. Pero sin Copa, salvo la de subcampeones del mundo.

Si nos empeñamos, defendamos a lo radical el concepto, y abramos una nueva etapa de "deporte educado", según la cual después de marcar el involuntario gol, podían los holandeses haber pedido el cambio de delantero en España para que saliera Torres y rompiera su racha marcando el gol que igualaría la final a juegos limpios. Ya que somos educados, ¿por qué no solidarios con los enrrachados en la negatividad? Y más con los holandeses, un ejemplo de pronunciarse con limpieza, a lo De Jong, que se llama allí. De Jong = de limpio, en holandés. Que lo sé yo.

Mejor, mejor: redefinamos las leyes del deporte (mientras pienso lo que escribo me siguen contando que ganar el Mundial es una pasada, sí, una pasada. Gracias). En Fórmula Uno, a tope: si se chocan dos, se para la carrera, aunque le fastidie a Lobato la emoción y a La Sexta las audiencias. A partir de ahora, los monoplazas, con intermitentes y bocina, para avisar de los adelantamientos. Y por supuesto, si a un mecánico torpe se le engancha la manguera de la gasolina en el repostaje, todos paran hasta que el afectado se reincorpore, y se le dan quince segundos de ventaja para que no se traumatice el piloto. En motos, igual, pero que no gane siempre Valentino Rossi, que eso atenta al juego limpio.

En boxeo, cada vez que uno le dé una galleta al otro, el árbitro debe parar, y que los rivales se abracen en gesto de sentido juego limpio: "no es que no te quiera dar un guantazo, es que así te gano, ¿no te importa, no?". En tenis, nada de pedir perdón en falsete si la pelota cae del lado contrario después de tocar la red: en ese caso, dos puntos para el afectado. El rugby, el football y el hockey sobre hielo, directamente, se prohiben por mandato de las Naciones Unidas que cumplen los EEUU, éste sí. El rugby lo reinventamos para que sea un juego en el que educadamente, los deportistas se ceden el melón para atrás hasta que llegan a la linea de fondo. Sin agresiones. Con educación. En balonmano, nada de balonazos a bocajarro: o se tira flojito, que no le duela al portero, o exclusiones de quince minutos, que dos son pocos. En baloncesto, a partir de la entrada en vigor de las nuevas reglas para el juego limpio, el contendiente tendrá la posibilidad de bajar la canasta de altura si es el base el que quiere hacer un mate. Y por supuesto, nada de jugar con camisetas de tirantillas, que refregar de sudor al contrario es juego guarro. Y en atletismo de fondo, ¿qué es eso de correr cuarenta y dos kilómetros para llegar mareados, o que te sancionen porque en vez de marchar, corres? Se pasea, con calma y por la sombrita. El que llegue antes, llegó, pero sin correr. En golf, si fallas un golpe de handicap principiante, se repite. En billar, igual. Todos con flotador en natación y con aletas de tiburón y tubito de buzo, pa ir más rápidos y sin sacar la cabeza. Ah, y en fútbol, el que gane el Mundial, sea la Federación que sea, tiene que donar el premio a la Cope, para que pueda pagarle al Pacogonzalez's Team. Supongo que Rosety no podrá reeditar su Juego Limpio, en Radio Voz. La próxima, en la careta del programa, el locutor dirá: "Juego Limpio, con Andy Schleck y las monjitas de sor citroën, por favor, si no le importa". Qué menos. Eso sí que sería Fer plei, y no lo de la FIFA. Con perdón. Perdón, sin perdón. ¿No pedir perdón atenta al juego limpio? Y al hilo de pensamientos playeros varios: ¿qué ha hecho la niña de diminutivo "Covi" para que el padre agreda a Covadonga con ese recorte tan cruel del nombre? ¿Por qué el jeque ficha a un tío pal Málaga sólo porque se apellida "Malagueño"? Dado que habitualmente jugamos los domingos, ¿me querría como subpresidente, que es más que presidente? ¿He copiado el titular de una peli de Almodóvar? ¿A qué huelen las cosas que no huelen? Realmente inquietante, amigos... Mejor me remojo, que la cabeza me echa humillo.

lunes, 19 de julio de 2010

El minuto 58

Estos días ando preguntando a las gentes de este país campeón por su momento clave en los siete partidos del Mundial. Aquel que nos llevó a levantar la Copa, a besuquearla, a pasearla por un país revertebrado gracias al fútbol, al menos estos días, en el que ha nacido algo que se me ocurrió ayer llamar "nacionalismo limpio", o "españolismo apolítico" (por conceptualizar el orgulloso yo soy español, español, español). De esto hablaré otro día, cuando tenga más asentada la idea, porque después de pasarme el finde dándole vueltas al temita, no he encontrado otro sentimiento, otro hecho, otro momento que nos uniera a los que vivimos en Iberia más que lo que lo hace el fútbol después del 11-J. Lo más aproximado que me vino a la mente fue la guerra de 1808 y Goya con sus pinturas. Y los atentados, claro. El caso: pido ayuda para llegar a un consenso sobre la importancia extradeportiva de lo que nos ha pasado. Es decir, ¿esto de ganar el Mundial es en realidad tan importante como nos ha parecido a los que el lunes pasado nos tiramos a las calles para celebrarlo? O, en la medida de que de un Mundial no se come, que dicen los más sosegados y despegados del fútbol, ¿es ésta una chorrada más, pasada de revoluciones, para enfermos e ilusos?


En realidad, estos días he tratado de buscar algún hecho comparable que en otra profesión u orden de la vida fuese similar en relevancia, en emociones, en repercusión... El Nobel de literatura para un escritor de los nuestros, llegar a la luna otra vez, ¿un Óscar?; no, un Óscar, claramente no. Sigo pidiendo ayuda. Es decir, me gustaría que alguien me dijera: "pues esto de ganar un Mundial, yo lo comparo con, para mí..." (no vale decir "tener un hijo", no hablamos de cuestiones personales, que obviamente son más importantes y más trascendentes en la vida de todos)

Pero, a lo que iba. En la primera de mis cuestiones vitales de esta habladuría solitaria, planteo inquieto un sondeo sobre el momento clave del Mundial: el gol de Iniesta, los goles de Iniesta, los de Villa, el árbitro, los árbitros... Iker Casillas. En realidad, el fondo del soliloquio es el mismo de otros anteriores: ¿de verdad no es hora, aún, de que le reconozcamos al capitán de la selección lo que ha hecho? (no me refiero al morreo más famoso del neonato siglo XXI). No voy a caer en el tópico de pedir para él un Balón de Oro, que al fin y al cabo es un premio que da una revista, ni el FIFA güorld player, que lo dan sus compañeros y supongo que lo ganará. Mejor dicho, espero que lo gane. Insistiré en mi sorpresa por la timidez con la que idolatramos a un jugador que, repito por millonésima vez: va a ser nuestro futbolista de los récord en la historia de este deporte, ha levantado dos de las tres Copitas que tenemos por selecciones absolutas de fútbol, ha sido decisivo, determinante, clave, en los dos torneos que han dado lustre a nuestras camisetas rojas de España (estos días he oído a gente que se va a tatuar en el pecho la estrellita de campeón del mundo; en serio). Al margen de los premios. ¿qué más tiene que hacer Iker Casillas para que lo veneremos sin rubor?

Para mí, la clave del Mundial está en el minuto más largo de la historia de nuestro fútbol, que comienza en Ellis Park cuando Piqué (vaya tela, con Piqué, en fin, dejaré el tema "Piqué") hace un penalti claro, que Iker detiene cuando algunos ya hacíamos las maletas, para que mientras conteníamos aún la respiración nos piten un penalti a favor que marcamos, pero que no vale porque uno de los nuestros está pisando la raya del área, y lo tiremos otra vez para fallarlo y que en el rechace el portero con apellido de presidente campeón del mundo haga otro penalti que el árbitro ya pasa de ver y pitar. Ese minuto clave del Mundial, para mí, empieza a contar con la parada de Iker, asesorado por Reina. Si Iker no lo para, si no le hace caso a Reina, si el delantero lo tira contra su costumbre, Paraguay se pone por delante y España se va a casa, segurísimo (me puedo tirar el farol porque nadie me puede negar la posibilidad más que probable, posibilísima. ¿O no?). Iker, con su parada certera, como después sacándole un balón de gol al hombre foca de cristal (Robben) en la final, es el elemento clave de este título. Sin Iker, los goles de Villa no hubieran valido. Los de Iniesta no hubieran dado un Mundial. No seríamos una España nueva, una España linda... Iker Casillas, te mereces lo que pidas, incluso si lo que pides es que no se te aplauda tanto o simplemente que te dejemos en paz con tu gente... Iker, presidente del Real Madrid, del Gobierno, del Mundo... ¡¡¡Iker, gracias, gracias, gracias, gracias,...!!! Iker Casillas, para mí, el mejor jugador de fútbol de nuestra historia. Y punto. Me estoy planteando cambiarle el nombre al bebebló, y en vez de Hablando Solo, ponerle Viva Iker Casillas, el mejor portero del mundo. Sí. Me gusta. Aprobado. Palante.

sábado, 17 de julio de 2010

En el sur de los viejos navegantes

(publicado en Málaga Hoy el 30/06/2010) Al sur del sur, donde España se ganó los cuartos, hay un tierra de leyendas que se reivindica con hechos y razones. Con historias de tiburones y surfistas que buscan la gran ola, de puertos seguros que parecen hechos para el atraque de los barcos corsarios de hoy y siempre, playas donde arrivan chicas mudas cargadas con pianos y música celestial. Es un paraíso aún demasiado marcado con cercas electrificadas, para dividir no hace tanto por el color de la piel. Es un lugar de arena blanca y mar verde, violento, escarpado como la costa asturiana y mi Faro del Cabo Peñas. Con sus "casitas" de madera y habitantes blancos. Los "morenitos", como dicen los guías turísticos para no molestar a nadie, viven tierra adentro.

La península del Cabo es una Cádiz sureña, grande y repleta de relatos donde los aventureros ganan y pierden, contra ellos mismos y contra la naturaleza. En "la Buena Esperanza" vaga el holandés errante, al que se ve con su "barquito" cuando estás buscando una cola de ballena que, para variar, ayer todos vieron menos yo. Por miope y torpe. Desde lo alto de la Punta de Díaz, por el portugués que pasó por aquí y dejó su bandera en primer lugar, entiendes por qué ese lugar es el Cabo de las Tormentas. El sol se esconde sin avisar y nos cae una tromba de agua a la que acompaña viento de mar, de ése que te impide hablar, te empuja hacia el barranco o te frena los andares fatigados.

Desde ese lugar único en nuestro planeta, tan referente para marineros de todos los tiempos, no piensas en pateras, ni en lanchas de contrabando, o yates de ricachones. Sólo intuyes, que no se ve, el "finisterre", y piensas en la valentía de esos hombres que se embarcaban en cáscaras de madera para desafiar a los dioses. Al sur, el mar acabará donde empiece la Antártida. No sé cómo explicar mejor que pisé un puntita de la tierra que soñé en los libros de Melville, de la que leí en las crónicas viajeras de Vázquez Montalbán, un lugar más de los que conquistamos los fanáticos en las aventuras de Bear Grylls, el Último Superviviente. Es difícil hablar del simple fútbol cuando vi una roca familiar y me explicaron que estaba pisando la playa que sirve de portada a esa genialidad de la música de todos los tiempos que será la banda sonora de "El Piano", que no sé si es mejor la "peli" de Jane Campion o la fantasía sonora de Nyman.

Ayer estaba tranquilo. Convencido de que esta noche nos iríamos para casa, y un pelín apenado porque no veía razones futbolísticas para no ganar a Portugal. Cuestión de "gusanillo", que dice Rosety. Pues eso, que estaba tan convencido como satisfecho. Me quedaba en el tintero sumergirme en la pobreza de Johannesburgo, y jugar en cuartos contra Paraguay sería volver a la capital y soñar con la proeza deportiva de las semifinales. Escribí en negativo. La hora de cierre del periódico obliga a los compañeros de Málaga a un esfuerzo. Siempre que puedo, adelanto, aún a riesgo de tener que rehacer. Ayer, me olvidé de los futbolistas, de buscar pistas en su mirada. Hasta me resultó cansina María Villalón con su "lluvia" (llevaba tol día "chorreando"). Las broncas para llegar al estadio me pasaron de largo. Llegué tarde e imaginé nuestra Nueva Rosaleda en el mar de nuestro futurible Mundial en 2018, a la vuelta de la esquina. El campo de fútbol de Ciudad del Cabo es una ensaladera recién estrenada, blanca e iluminada de noche, que se integra a la perfección con el paisaje marítimo portuario de la ciudad. Es una preciosidad. No entendía por qué teníamos que perder, otra vez, en un estadio maravilloso. No quería guardar mal recuerdo de este lugar, y me prometí enseñaros las fotografías del lugar, por si lo del Puerto de la Torre no es definitivo, que imagino que sí (que no se enfade la gente, sólo que un estadio moderno junto al mar es seña de identidad de ciudad grande y moderna). No jugamos mal, pero nos falta algo, y nos sobran los errores en el pase, en el centro del campo. Uno va a ser un zarpazo letal si seguimos entregando balones fáciles. Torres no está, no es su día, hoy tampoco.

Gooooolazo de Villa y pido cabeza. Me acuerdo de Alemania ante Francia, es decir, del 2006. Llorente sale y cuando se tira dos minutos cambiando de camisetita me xjdurkdjr en toooó (onomatopeya de sonido irreproducible). La media hora más larga de mi vida. ¡¡¡Illa, illa, illa, villa maravilla!!! (como estará disfrutando Juanito, desde su palco vip del cielo. Seguro que nos presta el grito, que el Guaje es de los suyos, con dos...). Me he propuesto no mirar el crono, que esto es más laro que yo qué sé. Rebusco las partes "negatifas" de la crónica viajera (por si hay que cambiar). Quedan diez, y el alargue. Empieza el rondo. Preferiría que remataramos. Cinco, cinco, cinco... Dos minutos de alargue, dos minutos. Se acabó. A cuartos, a cuartos... (se ofrece futurólogo fracasado. Llamar al número habitual)