miércoles, 28 de abril de 2010

Robben, el del Pensador


La gente habla menos en el Metro, entre sí, en general, supongo que desde lo del 11-M y desde que pusieron repetidores para dar cobertura a los móviles. Por eso, ayer asistí agradado a una conversación de fútbol, más bien intercambio de gritos, entre Cuatro Caminos y Antón Martín, línea 1, la azul. Trato de reproducirla, Carlos, trato de reproducirla...

No suelo ser cotilla, pero sin quererlo me vi encerrado entre dos filas de asiento oyendo sin querer un: "Tronco, es que la historia está en deuda con el Bayern". El cuarteto lo formaban dos parejas de dieciochoañeros, muy agarrados, cada cual con el suyo y la suya, como para evitar salir despedido por una frenada inusual. La churri 1 le preguntaba al nene 1:

-Nene, ¿y tú que sabes de historia, nene?

El nene 1 no escuchó a su churri. Andaba enzarzado con el nene 2: "Tronco, el Robben se lo merece, porque va a volver por la puerta grande, como los bomberos".

-"Ya, tronco, que no me dio coraje ni ná que lo largaran, que yo tuve que tirar la camiseta que tenía suya, ¿donde voy yo con una camiseta de un tronco que ya no juega, tronco? Además, estaba tol día lesionado, con los rollos. Y era un chupón. Y ha dicho el Valdano que no había sitio para tol mundo"

Recordé una conversación con Pablo, mi ahijado, que ayer cumplía seis años y va para doctor en las cosas del deporte, viendo la semifinal de Champions en su casa: "¡Padrino, ¿verdad que Robben tiene mucha calidad? ¿y el Madrid por qué no lo ficha otra vez?!" Qué difícil es explicarle a un forofo madridista de seis años que esa posibilidad es remota, que en este país nadie da marcha atrás, ni reconoce errores, ni dimite por ellos. Había perdido el hilo del debate metropolitano, cuando se incorporó a éste el matrimonio mayor de los asientos de enfrente. Él, un señor de traje y corbata, con zapatos rojos para no anclarse en el pasado, tiró de historia:

-Ese chaval tenía que haberse quedado en el Real Madrid toda la vida. Era como ver a Gento otra vez, por la banda... Díganle ustedes a don Francisco Gento que era un chupón. Semejante atrevimiento no se les pasaría por la cabeza hace cuarenta años, si le hubieran visto correr por la banda. Este chico se puso el once por don Francisco, y dijo que quería ser como él.

-Y además, el chico cae simpático, terció su señora, parece un vejete con veinticinco años, así calvito, y muy gracioso. Se trajo a toda la familia a Madrid y tenía unos niños muy graciosos. No lo tenían que haber echado, pobrecito, no lo tenían que haber echado. ¡Qué pena, Dios mío, qué lastima!

Fueron pasando Bilbao, Iglesia, Sol, Gran Vía, Tribunal,... como en la canción de Sabina. Di por hecho que había unanimidad en que el holandés no hubiera hecho daño a este Real Madrid, más al contrario. No quise opinar, preferí seguir oyendo los coletazos de una charla que se acercaba a Tirso de Molina...

-Pos yo quiero ver al Florentino, y a ese del Villarato, que alguna culpa tendrá, en el Bernabéu cuando Robben le gane la Champions al Barça y se la ponga en toa la cara, tronco, decía el nene 2.

-Señor, no diga usted esas cosas, que es muy joven para tener tanto odio. El Barcelona es un club español y hay que estar con los españoles, terció el señor mayor de los zapatos rojos. Y a Robben, se le aplaude, porque en el Real Madrid somos señores.

Anunciaban "parada en curva", y era la mía. Colocado en la parrilla de salida, casi evito opinar, porque la señora mayor me preguntó, y tuve que salir al paso, eso sí, sólo para dejar claro que "Robben no es calvito, es que tiene el pelo corto". Y aún me dio tiempo a cazar un cuchicheo entre la churri 1 y la churri 2: "Tía, el Robben ése, ¿no era el del Pensador?"

-¿Qué Pensador, tía?

-El de la estatua, tía, ¿no te acuerdas que lo vimos en el viaje del Insti a Paris?

-¡Qué dices, tía, yo paso de estatuas; ese día me quedé tirá en los Parques Eliseos enrollándome con mi churri, tía!!!

Moraleja: Robben correrá de nuevo la banda del Bernabéu, si no lesiona, que no lo ha hecho este año, al menos en mayor medida que Kaká o Cristiano. Louis Van Gaal se sentará en el banquillo otra vez. Si no llegan los de Guardiola, que deseo que así sea, veremos a Mourinho en el de enfrente. Y a Sneijder, y a Etoo, y a Samuel, y a Cambiasso y a Motta,... Será una fiesta del fútbol, con la que disfrutaremos todos, salvo quienes tengan mala conciencia por haberla cagado en su particular temporada. Ésos pasarán la noche pensando en dardos envenendos. ¡Ay, madre mía, madre mía, qué loco, este mundo del fútbol!

lunes, 26 de abril de 2010

Ejercicios de irresponsabilidad (otra vez)

La culpa es mía, por leer donde no debo. Me sorprende, o mejor, me ¿indigna?, que el editorialista del Marca de hoy se destape exigiendo a los árbitros el control del juego duro sobre los terrenos de juego, el mismo editorialista que antes del Clásico le dió su portada a un tipo que se dedicó inutilmente a calentar el partido, diciendo, entre otras cosas que "a Messi le van a dar por todos lados". Textualmente, entre otras barbaridades, hoy, escribe: "...Los árbitros son los máximos responsables de hacer del fútbol un deporte, no una batalla campal, y si no atajan estas jugadas con la firmeza debida, al final es el propio juego el que lo acaba pagando". NO, SEÑOR, NO, NO, y veinte veces, no. Alguien, con más fuerza que servidor, debería hoy gritar contra este sinsentido.

¿Resulta que en este mundo del fútbol tan magníficado, tan desproporcionado, tan desquiciado,... los árbitros son los "máximos" responsables de que el fútbol sea un deporte? Si fuera árbitro, hoy estaría indignado, más de lo que lo estoy. Hoy, que el supuesto agraviado ha sido el que dicta las ventas, los árbitros "deben atajar el juego duro". El otro día, que el árbitro estaba encima de un partido complicado para intentar evitar que se le escapara, "el colegiado debe dejar jugar, no puede interrumpir tanto el juego; mira como arbitran en Inglaterra. Qué maravilla, que dejan jugar. Aquí, sin embargo, interrumpen cada dos por tres". Ya decía en este foro que darle al árbitro es deporte nacional, y bien es cierto que ellos se dejan dar, supongo que por costumbre (aunque hay quienes, entre los jóvenes, se están empezando a revolver contra los golpes). Pero que un señor cargado con una portada, señor al que tampoco esta vez voy a retratar por sentido de la prudencia, venga a responsabilizar al colectivo más frágil de este sarao (no discutiré que por sus propios modus vivendi, que ese es otro tema) de que el fútbol no sea una batalla campal es vergonzoso.

Hemos mejorado muchísimo en serenidad deportiva en los últimos años, principalmente por el sentido de la prudencia de quienes mandan, que debería aplaudirse. Responsables del buen desarrollo de los eventos deportivos somos todos: árbitros, entrenadores, directivos, presidentes, medios de comunicación social, autoridades civiles,... y jugadores: no entraré a valorar el comportamiento de Cristiano Ronaldo en los campos de España, pero diré, como dije hace poco, que o alguien le impone una campaña de imagen para quitarle de la cara y el cerebro la prepotencia con la que va por la vida y el fútbol, o esto no habrá hecho más que empezar. Mientras a Raúl le aplauden los rivales, a él le están cogiendo un asco desproporcionado pero que él fomenta. La provocación nunca justificará una agresión ni el juego duro, pero en estas fechas que la gente se juega el pan, el sueldo, el paro,... la tensión aumenta, y las bicicletitas inútiles pican en el orgullo del débil (esto sólo lo entenderá quien haya pisado alguna vez el césped).

Entiendo que el editorialista de turno trate inútilmente de tapar los errores del Neomadrid Deluxe, que para eso está. Pero que para ello cargue contra un entrenador que debiera ser nuestro orgullo como es Guardiola, y que tome a la gente por tonta, tire la piedra fácil hacia el más débil, esconda la mano, y vaya de adalid del periodismo y el deporte,... ¡¡¡Ni de coña!!!. Por lo menos, en este foro de locuras varias que, afortunadamente, no está solo, ni mucho menos. Marca no se merece eso. Una pena.

sábado, 24 de abril de 2010

Actualizando a don Quijote (y 2)


...asustado, hiperventiló antes de gritar: "¡Amigo Sancho, detén la Touran, que me vuelven las visiones! A lo lejos. Distingo fortalezas de piedra, y sé que no son reales. ¿Quien podría, en mitad de la nada, afincar sus reinos con semejante construcción?". Sancho enfocó a su izquierda y sonrió aliviado.

-Tranquilícese usted, don Alonso, que no sueña despierto. Aquello que nos sale al paso son los dominios de un posadero en la villa de Seseña, del noble señorio de Toledo.

Entonces recordó Alonso la historia. Aquellos muros fantasmales, imponentes en medio de la nada, eran resultado valdío de las grandezas de un villano que, cómplice con los señores de la época, había construído puentes, paredes, tejados, campos de golf, pistas de pádel, calles y calles hasta dejarse los tesoros en el empeño, confiado en que la nobleza del lugar le repondría con creces a cofres repletos de oro. Ahora que nuestro reino pasaba por época de vacas flacas, aquella Medina de nuevos cuños había quedado abandonada por sus primeros moradores. De cerca, era un pueblo muerto. Y por primera vez, en mucho tiempo, don Quijote sintió miedo.

El gepeese despertó para anunciar problemas. Estaban a vista de pájaro de la gran ciudad, pero tardarían en tomar tierra. Una procesión de hormigas de metal, como nuestra Touran, les frenaba el paso. Les detuvo. El Quijote se fijó en la neblina que cubría la villa. "He tenido noticia de una nube de ceniza, escupida por un volcán islandés, y que debe ser ésa que oscurece la población". Sancho, que había seguido en el Twitter la evolución de la nube, le sacó del engaño. "Eso es mierda, don Alonso, mierda de la buena, de la que enferma al humano. Nada que ver con ceniza. Contaminación, gases, humos, suciedad. Eso es enfermedad, como la peste, don Alonso. Y está siempre ahí".

Hacía que no afloraba la triste figura en la cara del caballero. El trote a ritmo de carroza por la A-4, las caras afligidas de miles de personas sin palabras, que compartían desfile camino de la villa, el recuerdo de las alegres marchas de antaño, cuando el paseo era en sí una aventura, hicieron mella en Alonso. Y más cuando, horas después, bordeó las chabolas que orillan la carretera, cuando quiso soñar de nuevo con la visión de una torre del demonio que resultó ser el Pirulí, cuando siguió la pesadilla y Sancho le contó de la historia de las Cuatro Torres, al norte, dominando la diminuta ciudad. El escudero comenzó a recitar entonces una retahila de episodios sobre negocios sucios, recalificaciones diversas, ventas millonarias, dineros pasados de mano en mano entre los señores de la Corte, intrigas palaciegas, desplantes de gobierno, ruinas de paisanos inocentes, asesinatos brutales, televisiones llenas de basura, periódicos cargados de odio, atentados, terrorismos, paro, droga, muerte,... Traiciones compradas por un traje y un reloj, mendigos sin oficio ni arte que se hacían de oro medrando, engañando, confundiendo, arruinando a la gente de buena fe. Más de lo que el mejor de los Quijotes pudiera afrontar.

-Sancho, querido amigo, ¿y donde están los nobles hombres y mujeres de ésta que siempre será gran villa? ¿Qué ha sido de la buena gente? ¿Donde se perdieron las historias que escribieron cuentos ya olvidados para nuestros hijos?.

-Andan callados, mi buen señor, escondidos. Están detrás de las caras de piedra de Cánovas, de la diosa Cibeles y el dios Neptuno. Detrás de Goya, retratados en el Prado; bajo la puerta de Alcalá, que lleva a la ciudad noble de nuestro don Miguel; en la plaza de España, junto a la estatua que nos hicieron con Rocinante y con el rucio, cuando éramos jóvenes. Frente a Vives y Nebrija, padres del lenguaje y vigilantes de un tesoro de libros sin usar; bajo Colón, que ahora mira al sur y nadie sabe por qué, él que descubrió el oeste.


Y así fueron subiendo por el paseo de Recoletos hasta la Castellana, acercándose como hipnotizados hacia "la puerta del infierno", que dijo don Alonso Quijano, cuando vió a lo lejos las torres Kio, primera señal arquitectónica del destino que le esperaba a la ciudad de los números y los dineros. Detrás, como los colosos y los gigantes de sus novelas quemadas, las torres que quisieron llegar al cielo vigilaban barrios de gentes amontonadas. Sancho paró la Touran cuando el gepeese anunciaba la Plaza de Castilla. Don Alonso se bajó temeroso, mirando al infinito, no a los ojos, como cuando se enfrentó a los molinos de viento. Sabiendo que esta vez era real, y que jamás nadie les ganaría; tropezó con gentes de todos los colores, con un joven, apenas un niño, que cayó al suelo golpeado por un gesto perdido del manchego. Éste volvió en sí para echarle su mano, pero no tuvo tiempo. El niño, ya joven, se levantó de un salto: "¡Quita, viejo, ni me toques, coño; mira al puto suelo, joder, que mas dao una hostia que pa qué!".

Vió alejarse al niño, un niño, tratando de buscar un significado oculto en las bravuconadas que le había oido. El Quijote miró a su alrededor, intentando saber qué había cambiado desde antaño, cuando él era justiciero de causas nobles. Encontró un mendigo tirado en el suelo, pidiendo caridad con un cartel mal escrito. Encontró rostros sin horizontes, desplazándose sin ilusiones, buscando el inframundo del Metro. Encontró trajes con personas que hablaban a la carrera por sus aifones, como Sancho, pero sin gracia. Encontró frialdad, muchedumbre, ruido, soledad, ruina. Quiso tener a mano su lanza, y se apoyó al hombro de su escudero.

-No puedo con esto, amigo Sancho, me rindo. El mundo está ido; yo era un loco, ellos son así, sin remedio. Ya no hay gigantes, porque los hombres los mataron; demasiados, entre éstos que veo, son malos, pobres de espíritu, tristes; y acabaron con la ilusión de los que señalan como a enfermos. Duele, mas no veo arreglo para ellos. Volvamos a casa, por favor, y lloremos por la vida.

viernes, 23 de abril de 2010

Actualizando a don Quijote


La alarma del móvil despertó a don Alonso, que no había pasado buena noche. De un sobresalto cayó al suelo, incapaz de acabar con la melodía de Bisbal que Sancho le había configurado en su Nokia XPR7000. El fiel escudero se había convertido en un genio de las nuevas tecnologías. Ahora, con la edad y la experiencia, no se conformaba con desfacer entuertos. Se reconocía experto en las artes de bloguear, tuitear, chatear, programar, y toda actividad en boga que la tendencia señalara. Y a fe que lo era, con una soltura impropia de un mulero.

-Amigo Sancho, a ls 10 en puerta dl cobertizo; reposta Touran, x favor. Salims en busca d aventuras, escribió en su teléfono sin comprender por qué había de eliminar vocales y artículos para que el aldeano le entendiera. Por unos reales más o menos.

Don Alonso se aburría en la aldea. No podía con la fama, ahora que el turismo rural había arrasado con todos los lugares de La Mancha, y después de todo lo sucedido en estos tiempos recientes. Sus buenos amigos se habían marchado. El cura estaba en una conferencia mundial, convocado por el mismísimo Sumo Pontífice. La que se había liado con las nuevas familias, los nuevos niños y los abusos del clero. Para colmo, hacía poco que una infanta había querido asistir a las clases del maestro con su disfraz de monja, éste se había negado, áquella amenazó con denunciarlo, y el final se escribió con el maestro arrastrando a la infanta de la oreja hasta la morada paterna, donde el maese padre había respaldado las intenciones filiales, y anunciaba querella por lo civil y por lo criminal, por agresiones a la oreja y porque su niña "es libre y soberana para vestirse como le salga del...". El insigne profesor estaba recluido en una clínica con depresión profesional y, de regalo, se había enemistado con el cura por atentar, presuntamente, contra la libertad religiosa, por manchar el hábito de la niña. Consecuencia: el pueblo vivía sin maestro, ni cura. Ni barbero, porque éste cerró el negocio y se fue Bangkok después de que la esgae le reclamase con efectos retroactivos los derechos de sus casetes del Fary de los últimos cuarenta años. Maese barbero está en búsqueda y captura. Y luego estaba lo de Dulcinea, menuda guarra, solía decir Sancho.

Alonso Quijano andaba preocupado con las últimas nuevas en su noble oficio de la caballería. Todo se había desmadrado. Qué iluso el biógrafo Cervantes anunciando la muerte de tan noble ocupación, por falta de aventuras que correr, pensaba el manchego. En sus aposentos, y una vez que la sobrina se hubo emparentado con su amiga de la infancia, y ambas se fugaron a San Francisco, volvían a amontonarse modernos libros de caballería, que hablaban de conspiraciones planetarias, sectas, congregaciones para controlar el orden mundial, apocalipsis, moros y cristianos de toda clase, entuertos mil que uno era incapaz de abordar sin la debida documentación. Páginas y páginas que había absorbido el Quijote, además de la información que a diario le suministraba Sancho, en contacto con la vida a través del gugel y su aifón.

"A tierras del norte, mi querido amigo", gritó el caballero, acomodado en el asiento del copiloto, junto a Sancho. "Quiero conocer de primera mano un suceso de magna preocupación que allá acontece. Las personas han dejado de entenderse. Dicen que aquello es Babelia, y no nuestra Hispania".

-Bien haría don Alonso en dejar pasar esta problemática. Que informado estoy, a tope, de lo que está ocurriendo, y es voluntad de algunos señores feudales el hablar cada uno a su modo. Han hecho ley de ello. Quieren levantar fronteras, otra vez, y encerrar a la descendencia, olvidando su noble historia e instruyéndolos en otra, que es corta y sin hitos que recordar. Pero es la suya, dicen. Esa batalla, querido Alonso, está perdida. Vayamos a la villa y corte, que anda revuelta de tormentos.

Asintió don Quijote y dejó navegando a Sancho. Camino al centro de la península distinguió el caballero molinos de viento jubilados y posadas con luces de neón que evocaron su amor por Dulcinea.

-Querido Sancho, ¿alguna vez indagas en el paradero de la del Toboso?

-Permitame, amigo Alonso, que blasfeme de la furcia. Que no tiene otro nombre, pues no ocupa estas posadas de carretera pero bien se adaptaría. El dinero está tanto en estos lugares como en esas funciones que representa a diario. Y me parece éste oficio más noble que el de la Aldonza.

Dulcinea aprovechó la fama, y como al final de tanta y tanta aventura no hubo tesoros, ni ínsulas, ni amores perdidos y recuperados,... se cobró venganza dando con su trasero en todas las televisiones del país. Allá habló de los daños que le había causado el Quijote, de las demandas que le había puesto, de lo mal que se habían portado sus buenos amigos con ella, a la que nunca aceptaron por ser del pueblo y para el pueblo. Ella, que había amado a Alonso en secreto, que apenas se resistió cuando el caballero se presentó en el Toboso, con toda la prensa, demandando su amor. Ella, princesa de batallas perdidas, había hecho fama alumbrando las falsas vergüenzas del caballero. Pasado el tiempo, agotadas las historias, una vez que los informantes habían dejado de perseguir al de la triste figura por todos los rincones de la Mancha, Aldonza Lorenzo se operó el culo, la nariz, las tetas y la boca, y oficiaba de analista de actualidad en los teatrillos catódicos de nuestro noble estado. Con notable éxito, y haciendo diccionario y escuela con expresiones como "¿mesecomprende?". Compartía vida y confesiones con quienes hurgaban en los secretos de alcoba de nuestros legendarios caballeros, y ponían en solfa la decencia, valía y logros de los Díaz de Vívar, Rolando, Amadís de Gaula,... Ahora, los pensadores modernos idolatraban a artistas de circo, de cine, de fútbol, como auténticos héroes de la patria.

El silencio y el dolor callado del recuerdo se apoderaron de la ruta, hasta que el Quijote, asustado, hiperventiló antes de gritar: "¡Amigo Sancho, detén la Touran, que me vuelven las visiones!...

(continuará y terminará, lo prometo, ¡¡¡mañana!!!)

jueves, 22 de abril de 2010

De cómo cubrirse de...


...y ni darse cuenta. Tengo por costumbre jugar a la wii y ver el fútbol sin comentarios, sólo con el ambiente, salvo que el partido de turno lo den por la ESPN o en Telemadrid, donde escucho a José María del Toro. Ayer me pilló la semifinal de Champions acompañado, y fuera de Madrid (no daré pistas para que no se ofenda nadie). Así que tuve que tragar con el trío de marras. Ninguno era futbolista, ni entrenador,... Dos de ellos tienen acreditada trayectoria profesional en el periodismo. Y yo me cuadro. El tercero, no me consta. Dejo pasar sus análisis de lo que iba sucediendo, por vacíos, para centrarme en la jugada de la expulsión de Ribery. A primera vista, por supuesto, "uy, uy, uy,... exagerada". En la primera repetición, un silencio, y: "no, no, no, no,... Ha acertado. Roja". El narrador: "Bien por Rossetti, estaba cerca y lo vió". El tercero en cuestión: "Bueno, sí, es roja, vale; pero aquí lo que hay que hacer es unificar criterios". Automáticamente, pienso: ¿Querrá decir que hay que unificar, y que todos sean tan malos como el portugués del Inter-Barça? ¿Tan difícil es callarte la boquita hasta que la imagen te ayude, o es que querer ver el futuro sin base ni estudios es patológico de estos comentaristillas "de lujo"? Vale que arrearle al árbitro es deporte nacional. Estupendo que cuadrarse ante un gran arbitraje igual que uno lo haría ante un buen planteamiento táctico es de "rara avis". Pero, voy más allá: querer saber más que Van Gaal, que Puel, que cualquier entrenador profesional de alto nivel, es para.... (me ahorro la burrada que me pasa por la cabeza).

Será que voy pa mayor, pero me sobrepasan los "qué malo es el árbitro", o "Fulanito se ha equivocado con el cambio". Pero, ¿con qué base, desde un estudio de televisión, nada más producirse un movimiento de banquillo, te atreves a poner en entredicho una decisión que puede tener mil porqués? Busca una explicación, interpreta, analiza las variantes, espera a ver las posibilidades, la idea que tiene el Guardiola de turno (al que nadie dicutió el cambio de Ibra por Abidal de San Siro. Sin entenderlo. Pero a él al menos se le respeta). Un día, hace muchos años, ví a Fernando Vázquez (el del Compos) sentarse frente a un monitor de 14 pulgadas, apuntar cuatro notas, y en el minuto ocho dar las claves de lo que, a su juicio, podría pasar en el partido de marras. Fue como una premonición. Lo clavó. Con el paso del tiempo, he tenido el privilegio de escuchar a muuuucha gente que sabe de fútbol (no sólo de futbolistas) dando lecciones magistrales gratuitas, por el placer de charlar de nuestro deporte. Esa gente que sabe de fútbol, y no de payasadas, está exiliada de los medios, arrinconada en la Ser, el Plus,... (que no es mal rincón, pero bueno. Y no me refiero a Poli). En fin, para un día que me suben el volumen y no domino el mando, y tener que tragar gilipolleces a granel en una semifinal de Champions... ¡Qué ganas de quedarme sordo, de verdad! Menos mal que éstos, al menos, no gritan mucho, y mis oidos están recuperados, y a tope.