miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mi viaje al no Caribe

Resulta que estoy al sur del Caribe, sí. A quince o veinte kilómetros de playas caribeñas, sí. En una isla, del Caribe, sí. Y como si estuviera en Leganés. Con tormentas más puntuales que el AVE al mediodia, borchorno hasta de noche, humedad sanísima para abrir los poros, calor para aburrir, y sin embargo, viviendo una experiencia única.

Porque resulta que el fútbol es algo más que la derrota de España en el campo de River, que supongo que habrá quien pida que nos arranquemos y devolvamos la estrella de la Roja, y el Príncipe de Asturias de los Deportes, (disgresión: no entiendo por qué se lo dan a la Selección Nacional Absoluta y no a la Real Federación Española de Fútbol, que es el ente. ¿Se lo darían al Real Madrid, o al primer equipo del Real Madrid?). Digo: que estoy viviendo una experiencia única desde que me colaron de rondón, o me colé, mejor, en la expedición de la Selección Nacional Femenina Sub17 que juega el Mundial en Trinidad y Tobago. De "Media Officer", que dicen los señores de la FIFA. Convivir con un equipo de deportistas de élite, a su edad, en femenino, pero no menos élite que la élite habitual, me está abriendo los ojos sobre el día a día real de cualquier grupo como éste. Una realidad en la que lo externo tiene poca importancia cuando marcas horarios exigentes para amanecer, dieta exigente para alimentarse, tiempos de ocio contados, unas normas de convivencia que tienen su historia... Y todo, llevado siempre con ánimo, con alegría, con buen rollo (cabreos, haylos, los lógicos y normales). Porque el objetivo, ganar, ganar y ganar, lo merece.

La disciplina es importante, si no entendemos disciplina por látigo y griterio, sino por capacidad para adaptarse con rigor a las normas establecidas. Es un grupo en el que el respeto a la jerarquía es condición de entrada. Supongo que a base de muchas convivencias como éstas, la gente que rodea a las futbolistas se ha creado unas tradiciones que conviene aprender y seguir por salud general. Es un grupo en el que todos, a una, cargan, cargamos, bultos con el material de trabajo, en el que se comparten comidas, bebidas, calores, fríos,... Es una Selección alejada del glamour, supongo como todas las que no son la Absoluta. En la que todos arriman el hombro cuando se necesita, al margen de que cada cual cumpla con su papel. Nadie mira por encima del hombro a nadie, se gana al rival pero luego se le sonríe con amabilidad si compartes ascensor, o comedor,...

Éste es un Mundial en el que estoy aprendiendo a marchas forzadas cómo vive una Selección, un equipo, un grupo de deportistas: quizá no lo esté explicando bien. Desde dentro, comprendes situaciones que eran inexplicables estando en la tribuna de la prensa: por ejemplo, entiendes la sensación que genera que esté esperando un compañero periodista y no puedas encontrar a la futbolista que lo tiene que atender. Te das cuenta de la importancia de no alterar los hábitos y rutinas de grupo por asuntos como una entrevista, una rueda de prensa, una visita inesperada del famoso o invitado de turno,... O mejor, te das cuenta de cómo conviene aprovechar los tiempos, si es que apetece hacer bien las cosas, claro. Algo tan absurdo como un pin, lo que en caro se llama insignia, te puede abrir puertas hacia las relaciones diplomáticas más necesarias del mundo para arreglar un problema.

Desde dentro, aprendes de la importancia de devolver un saludo a la gente que te sonríe y aplaude desde la calle, cuando vas en el "autobús nacional". Saludas tú que no eres nadie, pero saludas porque conviene ser educado, es gratis y quedas de maravilla con la gente. Aprendes de las bondades que acarrea tener gestos de complicidad con las personas que te aplauden por el uniforme que llevas, por el escudo del pecho, por el traje de "campeón del mundo, y con estilo". Insisto: igual no me estoy explicando bien, porque la perspectiva no es buena, en esta tarde de descanso que tenemos, después de ganar a Japón como los campeones, que titulé en http://www.rfef.es/; resulta que ellas tuvieron las oportunidades y nosotros marcamos los goles. Fue un cuatro a uno que nos debe servir para mejorar.

El caso es que no os puedo contar lo cristalinas que son las aguas de Maracas Beach, que es un playón caribeño que debe de haber cerca, porque no lo hemos ni olido. Espero verla antes de irnos. Tampoco puedo hablaros de las fiestas caribeñas, ni de la comida caribeña, ni de la bebida caribeña, ni de nada caribeño (desde el autobús te acercas un poquito a la realidad de esta zona, pero sólo un poquito). Espero avanzar en estos temas antes de volver, pero para mí, en este viaje, de verdad, se han abierto más horizontes que los puramente caribeños. Ya habrá tiempo, (prontito, por favor, ¿verdad?), de cumplir con viejos sueños en los que me veo tumbao en una hamaca, con los pies metidos en el mar verde que vi desde el avión (imagen de la derecha), y dando cuenta del listado de daikiris del Todo Incluido, a uno cada veinte minutos, que me los trae mi colega Yoni, al que le he untao con veinte dólares para que no se olvide de ninguno. Y de vez en cuando, me giro, me caigo de la hamaca directamente al Caribe, y cazo un bovagante, de tapita.

lunes, 30 de agosto de 2010

Mis etapones por Los Montes


Pues a mí me parece que la junta culata del Ferrari es culpable de los males de Alonso, porque, siempre le caen el muerto a los neumáticos, o al Picazo del equipo, o a Hamilton, pero nadie se ha fijado en la trocola del efe como se llame, el cochecito lerén del ovetense. Y además, me parece que Ricky debería jugar más, y que los del baloncesto le pueden ganar a USA.

Por otro lado, pienso que el pisha lo va a hacer de maravilla en la Ryder, aunque sea un borde redomado, y que el jeque-jeque del Málaga debería fichar a más gente, ya que dice que va a invertir, porque si no, nos vamos a Segunda con el Levante y alguno más. Además, anuncio con felicidad que el jueves me voy a Trinidad y Tobago, con la delegación de España que va a participar en el Mundial Sub17 femenino. Voy ilusionado porque, por primera vez, me adentro en la expedición, como uno más dentro del grupo, con los utilleros, los fisios, los médicos, los delegados, el médico, los entrenadores y seleccionadores y las chicas. Os lo contaré, y lo contaré a diario en www.rfef.es. Y además tendré tareas de encargado de prensa allí en el Mundial, mi segundo Mundial del año. Ya os contaré.

Ah, y además de todo, hoy estoy orgulloso. La Vuelta devuelve a los malagueños lo que los malagueños peleamos por el ciclismo, y reconoce a tanto aficionado que alguna vez se puso el reto de subir a los Montes. En una, dos o tres horas. No sé si lo intenté alguna vez con la Motoreta, o con la BH, que era la que me gustaba. Sí recuerdo que la subida a los Montes era la madre de todas la aventuras para los chavales que nos subíamos en la bici y queríamos ir más allá del Camino Suárez, o ya nos aburríamos yendo y viniendo al Paseo Marítimo, no más allá. Siempre pensamos que esa subida se merecía el cartel de 1ª Categoría. Al principio, apenas podíamos ponernos el reto de llegar al Mirador, para engañar al camarero de la Venta y que nos diera agua para hacer la bajada. Le enseñamos a la gente de fuera lo que era el "plato de los montes" y fuímos creciendo. Y cuando nos gustó la bici, la de carretera o la de montaña, nos lanzamos convencidos de lograr la proeza. La montaña nos ponía a cada cual en nuestro sitio. No recuerdo esos "etapones" sin mis colegas de siempre. Mi amigo José María Quintana, que es el profesional del ciclismo en el grupo, tenía espíritu de equipo y tiraba de mí hasta que yo no podía, algunas veces (creo que él ha llegado a subir la montaña en menos de una hora). Pero su ritmo siempre ha sido inalcanzable, y al final, cada uno subía al suyo. Hace años que no ataco el tema, pero entre mis recuerdos apunto los cuatro primeros kilómetros, que tienen pendientes del ocho y el nueve por ciento. Se medio llanea cuando uno pasa por encima de la A-7, y todo se hace cuesta arriba cuando encuentras las primeras ventas. Llegas al Mirador y si eres cicloturista sin pretensiones de establecer marca, paras a descansar y pensar si sigues. De paso miras a Málaga desde el cielo, y disfrutas (no te das cuenta de cuanto hasta que ni te acuerdas de cuando estuviste allí). Y si decides atacar, llaneas otro poco, pasas por los tuneles, te encuentras un par de rampas de las de atacar a lo Contador, y te creces. Pero te faltan los cuatro o cinco últimos kilómetros, que van entre árboles, y lo agradeces. Ahí ya sólo sueñas con la fuente, y llenar de agua justo antes de la Venta Garvey en el Alto del León. Queda "lo duro". De hecho, si te fijas, encontrarás en el suelo, pintado, un cartel a mano que te avisa: "Lo duro". Y es realmente duro. No sé si alguna rampa supera el diez por ciento, pero hoy alguno las va a pasar canutas. Ellos pasarán de largo sobre la fuente de agua fría que hay a doscientos metros del Alto (me apunta mi compadre Javi el nombre, que se me había ido, la Fuente de la Reina). Yo he llegado a llorar de emoción en ella. No sé si habré coronado Los Montes en bici cuatro o cinco veces, pero esos etapones los recuerdo con una emoción inexplicable. Hoy, cuando los ciclistas empiecen a dar riñonazos subiendo ese puerto de 16 kilómetros tan importante en nuestras juventudes, me darán ganas de darle al rodillo, a ver si lo ataco otra vez este invierno. Me acordaré de cómo bajamos curveando, de cuando aprendí de la importancia de ponerse el casco siempre, siempre; de una bici a la que tenía que cambiarle las marchas manualmente y de mis pajarones, de la bajada por Olías y la caló que he pasado por esas carreteras de mis sueños de ciclista afisionaillo. Hoy, paso de peleas de audiencia entre los de Sé Lo que Hicisteis y Tonterías las Justas. Gracias a la Vuelta...

P.D.: mis análisis polideportivos carentes de sentido del principio de esta habladuría son el único modo que he encontrado de no hablar del Real Madrid. Que me he prometido estar calladito. Y lo voy a conseguir.

lunes, 23 de agosto de 2010

El valor de los secundarios

No, no es filosofía, ni me disperso ni se me ha ido la chota, ahora que huyo de vacaciones dos o tres días, antes de lo de TT. El sábado me quedé con ganas de gritar “olé” solo, por lo del Barça (¿gritar olé en los estadios catalanes, por extensión, será delito a partir de la aprobación de la ley?). En realidad, es porque esos chicos, vestidos de azulgrana, juegan igual que nosotros, los campeones del mundo. Sólo que tienen a Daniel Alvés en el lateral derecho (yo me quedo con Sergio, por sentimiento patrio, si Ramos está bien), y a Messi, que dejaría a Pajarillo Loco de eterno suplente en la Roja si renunciara a su argentinidad y las leyes nos permitieran españolizarlo, más.

No me extiendo sobre los grandes en cuestión, ni tan siquiera para hablar de Pedro, Pedrito, don Pedro,… Un tío que busca un balón y esprinta, corre a cag… y esprinta, se va a dormir, y lo hace esprintando (grande Reina, me copiaste el comentario, hay testigos). Tampoco quiero hablar de Xavi, porque ya no sé qué decir de cada pase que inventa. Ni de lo que anticipa este equipo que junta a los dos centrales del Mundial, al niño a quien Vicente del Bosque quiere parecerse, a San Andrés de Fuentealbilla, a Villamaravilla (me ha salido una rima, y está currada, conste).

Ya me gustó el año pasado, le intuí buena pinta pero imaginé que, puestos a reforzar, le traerían a alguien que frenara su buen trabajar. Entre tanta estrella, tanto esprint, tanta genialidad, hoy quiero preguntaros: ¿Quién lleva el 19 en el Barça? ¿Quién es ese tío de la foto? Un tipo discreto, pero que cumple de maravillas, que se suma a la fiesta ofensiva a cuentagotas, porque su papel es el de los actores de reparto. En un equipo en el que todos atacan, incluso Gerard Piqué, los únicos que casi se dedican con exclusividad a defender son Carles Puyol, el hombre que puso en marcha el calendario puyoliano, y mi prota del día, Maxwell (¿cómo se escribe, cómo se apellida, de dónde viene, tiene Twitter?). Este jugador que creo brasileño, me suena que viene de Italia y tiene nombre de superagente chapucero, asume el papel de actor secundario con una eficacia extraordinaria (no en plan Bob, el de los Simpson). Resulta que tiene 29 años menos tres días (es mayor de lo que pensaba) y es atleta de cristo. En defensa cumple casi sin errores. Al menos, desde que le vengo siguiendo, no le he encontrado una pifia. Y al ataque se suma cuando la circulación de balón le obliga. Como decía antes, en un once en el que tan sólo pasan de atacar Valdés y Puyol (salvo para cabecear golazos de final), y donde, por tanto, hay que hacer muchas coberturas (Busquets, con el que le pongan al lado, lo hace genial, sorprendentemente genial), este chico de apellidos Scherrer Cabelino Andrade (toma ya) ha asumido con eficacia su trabajo, su papel, su rol. Supongo que Guardiola lo tendrá en estima, por más que haya fichado a Adriano para reforzar la zurda. A mí, desde luego, me parece que es su acierto, otro más del entrenador, ya que le están esperando, a ver si la caga, para echarle en cara lo de Ibrahimovic y lo de Chingr…. (como se llamara el de Ucrania, que no quiero rimas)

miércoles, 18 de agosto de 2010

Oda al campero de pollo

Debería estar paseando por el Real, por la calle Larios,
o tirao en la Plaza de la Merced, estos días que no hace musha caló y en la Feria se debe de estar de escándalo, en minúscula. O al menos podría andar en los cacharritos, mareando a los churumbeles de mis colegas de siempre. Y sin embargo, habito en Las Rozas, preparando un viaje a Trinidad y Tobago que anticipa experiencias increíbles. En Madrid el tiempo no es como para achicharrarse, pero entre preparos, echo de menos un campero de tó. ¿Y qué es un campero de tó? Pues un campero que lleva pollo, huevo, jamón de yó y tranchetes, mayonesa, ketchup, cebolla picá… ¿Y qué es un campero? Un campero es lo mejor del mundo. Lo mejor. Lo mejor.

Aparte de ser lo mejor, para los ignorantes, es un bocaillo que se hace con todo lo anterior, más un mollete de Antequera, que es un tipo de pan, y se pone en la plancha a tostar como si fuera un Kebab, pero sin ser un Kebab, sino siendo un campero. Podría ponerme a copiarlo, pero los molletes no se exportan. En el Carrefú hay comida india, comida china, comida paquistaní, comida paraguaya, comida congoleña,… Pero no hay molletes de Antequera. Y así es jodío, el tema. No lo entiendo. De verdad, no me cabe en la cabeza.

Resulta que exportamos a Fran Perea y a Antonio Banderas. Éste, nos devuelve los favores a los paisanos y le cambia el nombre a La Posada, la jode (sin explicación alguna), y nos deja sin un buen sitio pa ponerse uno púo en el centro de la ciudad. Y sin embargo, no monta un negocio mundial de “Camperos de Málaga”. Nos conoce el jeque-jeque, arrasamos con la Feria, que es la mejor, y la más popular de Andalucía. Nos reconocen por Michelle, que ha limpiado Marbella (gracias, señora Obama). Estamos en todos los rincones del planeta por obra y gracia de Picasso. Y sin embargo, nadie conoce nuestros camperos.

Entiendo que nos sea difícil explicar qué es la biznaga (huele bien, y está hecha de florecillas del campo, creo). Y ni os cuento con “El cenachero”, un señor vendedor de ¿pescao? que parece el esposo de la diosa de la justicia. Ambos dos son símbolos tradicionales de lo malagueño. De puertas para adentro. Como el campero. Con la diferencia de que un campero es lo mejor del mundo, si de papeo hablamos. Ahora es cuando mis amigos extra-malagueños, sobre todo los que estuvieron en la Feria de Málaga en Madrid de este pasado finde, me preguntan por qué les atiborré de rebujito, que no es malagueño aunque se beba como si lo fuera (la mezcla del vino dulce con el esprite no ha funcionado, y tampoco lo entiendo). Y no les hice camperos. No caí. Con la emoción de las canciones del Fari se nos pasó la Feria rápido. Ahora que uno recupera, y sabe que esta noche es víspera de festivo, y el Real reventará, echa de menos su campero de pollo. No los carricoches, no la pringue de las casetas de la juventú. No el concierto de Pimpinela. Ni los espetos, ni los calores, ni el waka-waka que se habrá ganado ser la canción de la Feria. ¡¡¡Quiero un campero, snif, snif!!!

viernes, 13 de agosto de 2010

Disen que hay, disen que hay...

¿Por qué, si me pasé dos días a burritos, estoy como un vaca/foca? De un taco, he conocido el Azteca, el yetlá y el mal de las alturas. Para subir a la grada del Coloso hay que caminar por unas rampas interminables, en las que se inspiró seguro el Soccer City, que el miércoles me dejaron sin aliento. ¿Por qué? Mi pésimo estado de forma, pero también la torta que me cayó encima con el cambio horario y los 2300 metros de altitud de la capital mejicana. De la que me marché triste. Me pasó lo que a Calamaro, que sólo "conosí el estadio asteca". En dos días, a entrenamientos, ruedas de prensa, ofrendas de Copa del Mundo y atascos, es imposible acercarse a la ciudad más grande que jamás conocí.

Ya aterrizando me vino a la memoria una legendaria frase de mis colegas de siempre, que cuando vienen a Madrid se pasan el viaje diciendo: "Oú vieo es que esto es mu grande". A mí me pasó con el Deefe. Es gigante desde el aire, interminable, infinito, con sus veinte millones de humanos y al menos otros tantos millones de vehículos. Prometo que jamás volveré a protestar en la M-30, ni en la A-6, ni menos en la atascada A-7 de Málaga. La ronda mexicana, el Periférico, es indescriptible. Huele a quemado (quienes conocen de mi anosmia sabrán que es extraordinario que este cronista hable de olores). Hay personas que se pasan en ella del orden de dos horas y media a diario. Siempre. Sin remedio. Y para recorrer cuarenta o cincuenta kilómetros. Oú vieo...

Me vengo triste por no haber disfrutado del Deefe, ni tan siquiera en su plaza de las Tres Culturas (oú vieo si es grande, que tiene tres, no una). No pude ver a la Virgen de Guadalupe, santuario de peregrinación mundial (la Copa sí estuvo con ella, es lo que tiene ser Copa del Mundo. Además, se conocen. Creo que es la tercera vez que la Copa va a visitar a la Virgen). Vi el Deefe a través del cristal del autobús. Sus anuncios gigantes, sus eternas manzanas de edificios de dos alturas, sus grandes carteles de señalización vial, sus revolucionarios nombres para las vías Insurgentes, Revolución,... Sus lemas publicitarios. Su colorido en las paredes grafiteadas con aparente orden. Incluso me encontré con una pirámide patrimonio de la humanidad: Cuilcuilco, con más de dos mil años de antiguedad (un montón de piedras volcánicas sin forma de pirámide, pero bueno, algo es algo. Además, dicen que era un observatorio astronómico. Qué afán tienen estos pueblos por las estrellas. ¡Nosotros tenemos una, estrella, digo!).

Pero como disen que hay, disen que hay un motivo para todo, mi motivo de este viaje es el Azteca. Ya pregunté antes de irnos quien se venía, y la respuesta me la dieron los chicos de la Roja. En sus tuiter, feisbús y todo eso tenéis la prueba de lo molesto que fue para todos ir al legendario recinto de Santa Úrsula en pésima-fecha-que-destierren-a-Villar-ya. Quedaron fascinados, o mejor, embobados, que fascinados suena a cursi. Como todos, con esa mole de cemento en la que caben ciento cinco mil personas (no tantos vehículos). No es un estadio nuevo, claro. Ni llamativo desde el exterior. Pero tiene leyenda, tiene historia, tiene esa luz única que ha quedado enmarcada en tantas imágenes de fútbol.

Rosety se emocionó nada más empezar la narración para Clubseleccion.tv. Y no es para menos. Volvía al Azteca veinticinco años después del Mundial de México. Ya me gustaría a mí volver a algún estadio, al Soccer City, dentro de veinte años. No me veo. Gaspar se emocionó porque él vivió esa final de Argentina contra Alemania, el partido de todos los tiempos. Supongo que ayer, en la delegación española, era de los pocos que repetían. El resto, nos dedicamos a decidir cual era la portería en la que el Diego marcó. Ni los de lugar se ponían de acuerdo. Supongo que para ellos, el Azteca es algo más que la sede de dos finales del Mundial. Personalmente, imaginé el estadio con aquella cámara cenital que hacía sombra sobre el césped. Ya no está. Lástima. Pero el sol, la luz, el color siguen siendo los de las fotos, los de la tele en sus imágenes de archivo agrietadas. Entendí que la mexicana fuera la afición más numerosa en el Mundial, en Sudáfrica. Quieren ser grandes en fútbol, ya que lo son en casi todo. Me gustó la fiesta del fútbol en el Azteca, con la gente llegando pronto, comiendo burritos, bebiendo ricos zumos de no sé qué... Cierto que la Tricolor engancha, aunque no juegue, y que en el Azteca celebraban su liberación de los colonizadores, hace doscientos años. Los que íbamos de invitados, allí vivimos fútbol, y la sensación de estar en un lugar donde se escribió la historia del fútbol. La hicieron Maradona y Pelé, que levantaron nuestra Copa al cielo nublado, tormentoso, turbio, del Deefe. Como Iker, el pasado miércoles. También la alzó para ofrecerla a la gentes del lugar.

Por todo eso y mucho más que no sé contar, por la sensación de haberme colado en la foto de una que será historia de nuestro fútbol, el viaje al Distrito Federal mereció la pena. Disen que hay segundas oportunidades. Personalmente creo que sólo en según qué ocasiones. Lo intento otro día con la visita turística. Bueno, de momento, creo que antes me voy a trabajar al Caribe, sí amigos, al Caribe, je je je... Ya os contaré. ¿Hay alguna canción de Calamaro para estadios caribeños del sur?